Fritz es un diplomático pruso.

I-am-fritz-with-a-paneraPor fin lo hemos podido averiguar. La raíz de todos nuestros males, que hizo que Franz se fugara creando el desbarajuste de personal más grande que hemos vivido en nuestros ya 107 años de historia, el misterioso Fritz, ha resultado ser un famoso diplomático pruso retirado que se encarga del cultivo de la orquidea de peluche y de la contemplación de bocas de mellados.

Franz se había criado en esta casa. Desde pequeña, la joven Franzine Hanseligretel Großebrüsten había sido una increíblemente hábil echadora de cartas, telefonista, plomera y electricista (con conocimientos de biofísica aplicada a las antenas RF de boniato). Sobre sus hombros de valkiria reposaba el bienestar de esta casa. Sin embargo el corazón juvenil es volátil y soñador, y la simpática chica quedó prendada del saber estar del adinerado diplomático Fritz Subanaplastenstrujenwajen en cuanto lo vio montado en su Ford-T paseando por las abarrotadas calles de Viena.

¿Pero qué hacía Franz en viena? Pues la habíamos mandado a comprar el pan. La cosa es que el panadero no tenía bolsas y un viaje hasta Mojonia en tercera clase con el pan debajo del sobaco era poco aconsejable. La pobre chica no pudo evitar desesperarse y se sentó en la puerta de la misma panadería a llorar amargamente. En aquel momento pasó Fritz en su Ford-T y se quedó prendado de la tremenda belleza de nuestra empleada. Le preguntó por su desdicha y ella le explicó el problema tan grave que tenía, temiendo (y con muchísima razón) las posibles represalias a las que se vería sujeta de no hacer la entrega de pan en la oficina a tiempo (¡amigos, hay que vigilar la disciplina!). El diplomático, resuelto, la invitó a subir a su coche y juntos condujeron hasta la embajada para buscar una solución.

Allí, entre centenarios tapices, fastuosas alfombras y una especie de adorno espiral que no servía para nada pero que hace bastante bonito al lado del flungófono auspiciador de siete calimbrocias (último modelo, con hijonizador rodonacinado inverso y todo, todo un lujo) surgió el amor (en concreto, el amor surgió tras las cortinas del salón verde, luego encima de la encimera de la cocina isabelina, más tarde sobre el sofá orejero que fue regalo de los reyes de Antioquía ciento cincuenta años atrás, y por último sobre la lámpara de araña del salón de recepciones). Además, Fritz, hombre de recursos, ofreció a Franz la solución a todos sus males: su deliciosa panera estilo Luis XV y un asiento a la verita suya en su biplano privado color rojo grosella.

Y he aquí que al fin volvió Franz, pero por poco tiempo, ya que entregó la mercancía y sin esperar ni un segundo volvió a montarse en el avión que no tardó nada en desaparecer en lontananza. Una gran pérdida la de esta chica, que esperamos que sea feliz o que se caiga y se parta tó los dientes…

¡¡¡Pero tenemos la panera!!!

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